La cenicienta filipina conquista Israel

“En Manila participé en muchos concursos pero no me quisieron…. quizá porque soy fea y gorda”, recuerda la nueva y sorprendente reina de Israel. La cenicienta filipina que a sus 47 años y del más absoluto anonimato cuidando ancianos y limpiando casas se ha convertido en una de las figuras más admiradas por los israelíes.

Rose Fostanes ganó anoche la primera temporada del popular X-Factor israelí presentado por la modelo Bar Refaeli. “Soy sólo una señora que cuida a otras personas y que siempre soñó con cantar. Y ahora el sueño se ha cumplido. No me lo creo. Agradezco a los israelíes que me han dado su voto, amor y esta oportunidad”, decía anoche en prime time. Al cabo de unos minutos, una duda asaltó a la menuda cantante: “Pensaba que tras el programa volvería a mi trabajo por el que vine a Israel pero ahora no sé que haré”.

“Lo que no me gusta es que algunos hablen de mi físico. Si yo fuera guapa, seguro que no me importaría pero como soy muy bajita y gorda pues me molesta”
Cuando hace unos meses la trabajadora filipina hacía cola en el casting de X-Factor, muchos creyeron que se había equivocado de lugar. La presencia de Rose entre miles de jóvenes israelíes aspirantes a estrellas del mañana no pasó desapercibida. Y eso que apenas llega a los 150 centímetros de altura. “Sentí que me miraban como si fuera una extraterrestre”, explica ahora acompañada de su novia en los últimos 31 años.

Cuando pasadas las once de la noche, Refaeli anunció la identidad de la cantante más votada por cientos de miles de espectadores, la cámara bajó drásticamente su objetivo yendo de la sonrisa de la modelo a las lágrimas de la Susan Boyle filipina. “¡Rose te lo mereces por tu espectacular voz e historia! Nos has emocionado cada semana”, exclamó la modelo israelí.

Embajadora filipina en Israel

Gracias a su voz y valentía, se ha convertido en la embajadora de los 40.000 trabajadores filipinos en Israel que muchas veces se sienten invisibles en tareas que no son muy solicitadas como cuidar ancianos o limpiar casas. “Ahora todo el mundo sabrá que los ?filipinos? incluso si trabajan limpiando pueden compartir y enseñar su talento al mundo”, dijo a los medios locales reconociendo que “los filipinos aquí y en todo el mundo se sienten orgullosos de mi”.

Antes de la final, Rose fue sorprendida por el programa que consiguió traer a Israel a su novia filipina. La nueva diva ha sido también bienvenida en la comunidad gay israelí.

En declaraciones al diario Israel Hayom, Rose recuerda el día después de su primera aparición en la televisión. Como cada mañana, se dirigió a la parada de autobús en el sur de Tel Aviv donde vive con seis compañeras en un modesto piso. “De repente, todos me reconocían y me deseaban suerte. Fue muy emocionante y gratificante aunque también me dio un poco vergüenza”, comenta

“Lo que no me gusta es que algunos hablen de mi físico. Si yo fuera guapa, seguro que no me importaría pero como soy muy bajita y gorda pues me molesta”, confiesa.

Su historia y origen

Rose luchó contra las miradas empleando su gran voz. Un instrumento que descubrió a los seis años cantando en Manila. Pero su infancia no fue la que soñaba. Un día, cuando tenía once años, su padre se fue a trabajar y no volvió. A día de hoy, aún no sabe por qué. Debido a la situación económica, no tuvo más remedio que trabajar desde los 13 años. A los 15, salió del armario presentando su novia a su sorprendida familia.

(Su primer tema en la audición: This is my life)

Tras trabajar en Egipto, Líbano y Dubai, Rose llegó a Tel Aviv hace seis años. Como muchas filipinas, trabajaba cuidando a una mujer enferma. Pero el destino preparaba una monumental sorpresa. Un cazatalentos vio a Rose en acción en un local de Karaoke. Al día siguiente, ya estaba participando en las pruebas del formato israelí de X-Factor. De repente, se codeaba con famosos cantantes del país y Refaeli.

Su historia y origen- radicalmente diferentes al de los otros participantes- y su talento musical la convirtieron en un fenómeno. Ella se dio cuenta en la calle ya que en su casa no tenía televisor para ver la locura creada. La primera X-Factor israelí promete seguir enviando dinero a su familia en Filipinas y no descarta iniciar, ahora que tiene casi 50 años, una carrera musical internacional.

Es el triunfo de la voz frente a parámetros físicos, sociales y económicos que no auguraban muchas posibilidades de triunfar.

No sorprende que la mujer que ha roto estereotipos y superado obstáculos poniendo voz a los filipinos ganase la final con I Did It My Way de Frank Sinatra.

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