La luna de Artzi, Ramon y Ginz: a diez años de la tragedia del Columbia

El astronauta Ilan Ramon. Hoy se cumplen 10 años de su muerte.

El astronauta Ilan Ramon. Hoy se cumplen 10 años de su muerte.

El fallecido astronauta Ilán Ramon recibió dos obsequios para llevar consigo durante su viaje en el transbordador espacial Columbia: un disco del álbum ירח Yareaj (“Luna” en hebreo) del cantante Shlomo Artzi y una copia del dibujo del joven checoslovaco Petr Ginz que murió a los dieciséis años en el campo de concentración de Auschwitz, el mismo del cual sobrevivieron los padres de Ramon, Tonya y Eliezer Wolferman.

Sin embargo, la nave Columbia -que ya había realizado 27 misiones al Espacio- no pudo culminar su 28° viaje y explotó en los cielos cuando volvía a ingresar a la órbita terrestre en 2003, un día como hoy.

images (1)Unos sesenta años atrás de ese episodio, a comienzos de los años 40, Petr Ginz dibujaba cómo imaginaba la vista de la Tierra desde su satélite natural mientras se hallaba prisionero en el campo de concentración de Terezín. La ilustración se convirtió en un símbolo de realización para Israel y la comunidad judía: finalmente un astronauta profesional vería la luna en su forma genuina con sus propios ojos y cumpliría el sueño del niño de Praga que sólo podía ensoñarla cautivo y que murió en 1944 tras ser trasladado a Auschwitz. Cinco años después, nacería el cantante Shlomo Artzi en la Baja Galilea al norte de Israel, a un año de su conformación como Estado independiente.

Les dejamos aquí la traducción de la canción Yareaj de Shlomo Artzi.

Y mi primer recuerdo, si tu belleza no me engaña:

lanzo una guitarra y mi padre me grita
y mi madre dice: “ese es mi pecador”
y me lleva a un viaje acogedor frente a la luna.
Mi segundo recuerdo, si tus ojos no me engañan:
me voy de casa hacia los peligros del tiempo.
Cuando te pregunté: ¿serás mía para siempre?
Respondiste: mira la luna, ya existe un hombre allá.
Y después de un año alquilamos un cuarto frente a la luna.
Comencé a tocar en un sombrío bar de la calle del soldador.
Gritaron ¡Quiten al bajito del esmoquin!
Y sólo uno dijo: “niño, niño, tú traerás la luna para ellos”.

Era una época como esta en que la felicidad venía junto a la ira.
Nos reíamos de todo, quemábamos todo a nuestro alcance.
No nos quedaba más que abrazar la pena,
Y decir: “ayer fue un buen día y mañana también lo será”.
Ayer fue un buen día, ayer fue un buen día,
ayer fue un buen día y mañana también lo será.
Me cuesta concentrarme porque tu belleza asombra.
Me cuesta decir “lástima” o decir “quizá”.
En vez de eso, bailo y le grito a la luna:
“Ven, y culpa al mundo por mi dolor”.
A veces olvido cómo comencé frente a la luna.
Cuando olvidas, sí, sí, pobre de ti.
Cae lluvia del cielo, no hay luna por el momento,
Y cuando aparezca, juntos nos iremos hasta desaparecer.

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