Ada Yonath, la ilusa que soñó con ribosomas y obtuvo el Nobel

La científica Ada Yonath vivió la primera década de su vida en un barrio de Jerusalén llamado Gueulá, que en hebreo significa “redención”. Allí su familia era dueña de una verdulería. Eran pobres y no tenía libros para leer. Su padre murió cuando ella tenía diez años. El resto de la familia se mudó a Tel Aviv, donde fue aceptada en una prestigiosa escuela secundaria. Como no tenía dinero suficiente para costearla, decidió impartir a cambio clases de matemáticas a los inmigrantes.

Posteriormente estudió química y bioquímica en la Universidad Hebrea de Jerusalén y obtuvo allí su doctorado en Cristalografía a Rayos-X. Esta última es un método que consiste en hacer pasar un haz de rayos-X a través de un cristal para conocer su estructura interior.

Le tomó más de 25 mil intentos y veinte años para forjar este proyecto que la llevó a recibir un tercio del Premio Nobel de 2009, compartido con Venkatraman Ramakrishnan de Gran Bretaña y Thomas Steitz de los Estados Unidos. Hace treinta y cinco años que una mujer no recibía el premio en esta disciplina. Cabeza del Departamento de Biología Estructural del Instituto Weizmann de Ciencias (en Rehovot, Israel), ahora se convirtió también en la primera representante femenina dentro de los nóbeles de su país, que ahora suman nueve.

Muchos científicos la trataron de ilusa y soñadora al estudiar los ribosomas, cosa que parecía muy obscura y complicada de hacer. Sin embargo, tras su empeño de treinta años ha alcanzado notorios avances mientras desnuda a la fábrica humana de proteínas. ¿Cuál es la utilidad de esto? Gracias a los hallazgos de Ada Yonath y su equipo, es posible crear antibióticos más efectivos y resistentes contra las bacterias. Es la pionera en cristalografía ribosomal en Israel y la primera de su nación que ha enviado trabajos a doce misiones de la NASA.

Compartirá un tercio del Nóbel de este año y también el premio de 1,5 millones de dólares (aproximadamente 760 millones de pesos chilenos). Recibirá un diploma, una medalla de oro y la invitación a la ceremonia del Nobel en Estocolmo, Suecia el día 10 de diciembre.

Ha concentrado su investigación post-doctoral en el Instituto Carnegie Mellon de Pittsburg y en el afamado Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT), ambos en los Estados Unidos.

Ella misma dijo que “no había nada en mi niñez que sugiriera que llegaría yo hasta este punto, aunque mis padres y mi familia siempre pensaron que habría una posibilidad de reconocimiento”. El “gueulá”, tal como se llamaba su barrio de infancia.

Por Carlos Reyes Barría.

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